Paseando por el bosque conoció una caballera oscura, de tez morena, pelo azabache y enormes ojos negros. Ella era pura bondad y coraje, pura lucha, puro fuego. Ella se prendó de su mirada sincera, de sus ojos intensos, de su sonrisa apagada y prometió ayudarle.
Se pasó noches en vela cabalgando por los bosques, buscando el dragón que causaba tanto dolor a un alma buena.
“Si algún día lo consigues no dudes en venir a buscarme. Andaré por caminos de espinas, perdida en mis batallas, luchando contra mis monstruos, esperando mi rosa perdida”.