viernes, 23 de abril de 2010

el príncipe y la caballera

Érase una vez un príncipe de cabello rizado y porte elegante que vivía preso de la tristeza y la melancolía. Que se debatía entre la desesperación y el miedo de tener que luchar con su dragón imaginario. Que se pasaba las noches encerrado en su torreón, inmerso en recuerdos del pasado, soñando con días mejores sin monstruos y sin temores.
Paseando por el bosque conoció una caballera oscura, de tez morena, pelo azabache y enormes ojos negros. Ella era pura bondad y coraje, pura lucha, puro fuego. Ella se prendó de su mirada sincera, de sus ojos intensos, de su sonrisa apagada y prometió ayudarle.
Se pasó noches en vela cabalgando por los bosques, buscando el dragón que causaba tanto dolor a un alma buena.
Frustrada, abatida y desorientada volvió a visitar al príncipe para contarle su fracaso.
“Esta fuerza me supera, nadie puede contra ella y es que nadie puede verla... Solo tú... Solo tú puedes vencerla. Ahora estás solo en la batalla. Ahora es hora de ser fuerte, de luchar contra tus monstruos, de no esperar que te rescaten, de ser tu propio caballero.”
“Si algún día lo consigues no dudes en venir a buscarme. Andaré por caminos de espinas, perdida en mis batallas, luchando contra mis monstruos, esperando mi rosa perdida”.

martes, 20 de abril de 2010

por alusiones

Vista desde el vagón de Metro tu cara era un poema en llamas. Tu gesto fue rápido, casi imperceptible para alguien que había salido de casa con medio litro de vodka en las entrañas.

Y sin mas ya estabas dentro del vagón, te viniste con nosotros, conmigo, al trasbordo de la línea amarilla, a la discoteca, a la terraza donde jugamos a no darnos cuenta de la que nos estaba cayendo encima…

Ojala te hubieses quedado en el maldito andén y me hubieses ahorrado el mareo de subirme a tu montaña rusa construida a base de sufrimiento y melancolía que parece no tener fin.

¡Fin! Yo me bajo aquí… prefiero volver en Metro hasta la estación en la que tantos días recogí los pedazos de alguien que se parecía a ti.

¡He dicho fin! Yo me bajo aquí…

Tu quédate en tu montaña rusa, ojala no bajes nunca, ojala no vuelvas a pisar el andén que un día creí que nos unió (tonta de mi) y lo único que hizo fue empezar a destrozarnos.

Fin.

miércoles, 14 de abril de 2010

credo

Hay una gran diferencia entre no hacer nada y esperar.


domingo, 11 de abril de 2010

la vida agridulce

Todo pasa por alguna razón. Los encuentros. Las casualidades. Las decisiones. Los errores. Volver a destiempo. Tomarte más tiempo. Aprovecharlo. Volverte a encontrar.