Vista desde el vagón de Metro tu cara era un poema en llamas. Tu gesto fue rápido, casi imperceptible para alguien que había salido de casa con medio litro de vodka en las entrañas.
Y sin mas ya estabas dentro del vagón, te viniste con nosotros, conmigo, al trasbordo de la línea amarilla, a la discoteca, a la terraza donde jugamos a no darnos cuenta de la que nos estaba cayendo encima…
Ojala te hubieses quedado en el maldito andén y me hubieses ahorrado el mareo de subirme a tu montaña rusa construida a base de sufrimiento y melancolía que parece no tener fin.
¡Fin! Yo me bajo aquí… prefiero volver en Metro hasta la estación en la que tantos días recogí los pedazos de alguien que se parecía a ti.
¡He dicho fin! Yo me bajo aquí…
Tu quédate en tu montaña rusa, ojala no bajes nunca, ojala no vuelvas a pisar el andén que un día creí que nos unió (tonta de mi) y lo único que hizo fue empezar a destrozarnos.
Fin.
No hay comentarios:
Publicar un comentario